sábado, 27 de septiembre de 2008

ARAXIA

“La memoria es redundante: repite los signos
para que la ciudad empiece a existir.”

ITALO CALVINO:
Las Ciudades Invisibles.
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En Araxia, ciudad euclidiana, la línea se quiebra lo indispensable para formalizar la catenaria de un cable; el plano se pliega en la esquina y se perfora en una ventana que se abre a otros volúmenes acromáticos.
El espacio urbano podría calificarse con una sola palabra: mínimo. El necesario para organizar una vida silenciosa y ascética.
Así de uniforme es la vida en Araxia, sus habitantes deambulan sin recordar el pasado, sin aventurar un futuro. Apenas retienen los fragmentos crepusculares de cada instante, y así mismo, como insectos que jamás conocerán la noche, cada mañana renuevan su presente, sin evocar la jornada concluida. Por eso, quizás por instinto, apelan a recursos tan triviales, como anudarse una cinta negra en el dedo índice, o dibujarse con tinta china, una estrella en la palma de la mano, así hasta el día siguiente, en que la marca deja de tener significado.
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El museo de Araxia es tan blanco y geométrico como el resto de sus edificios, sin embargo seis de sus siete salas, se hallan vacías.
La séptima sala, exhibe en el muro sur una colección de cintas negras anudadas, que alguna vez intentaron aferrar al presente un compromiso con el futuro o una deuda con el pasado. En el muro norte, sobre un largo estante, en perfecto orden y en botellas idénticas, se conservan las lágrimas de su gente...
¿En qué momento, los habitantes de Araxia, redujeron la vida a tal mínima expresión? Nadie lo puede responder.
Si al patrimonio de Araxia, lo constituyen las lágrimas del olvido y las señales del desencuentro, es algo que aún se puede discutir.
Hay quienes opinan que la alegría y la tristeza, la esperanza y los sueños de otro tiempo, alguna vez se confundieron y quizás por eso los habitantes de Araxia, decidieron renovar la memoria a diario, para no recordar que tarde o temprano, todo perece.
Otros, los más optimistas, sienten que la verdadera identidad de Araxia, aún no ha sido capturada en la séptima sala, porque después de todo, en la efímera carcajada, que de tanto en tanto a los araxianos se les escapa al darse cuenta que absurdamente tienen anudada una cinta negra en el dedo índice o una estrella pintada con tinta china en la palma de la mano, se encuentra la verdadera medida de su tiempo...
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(Escrito el 15-06-2005 para dar una clase sobre patrimonio en la asignatura Arte e Industria Cultural del IPEM 97 Independencia).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me interesa esta historia yo soñe algo sobre esto y no sabia que existia ¡¡¡

Walterio dijo...

Anónimo: Pues... el cuento también surgió de los fragmentos de varios sueños.
Sí que es una coincidencia!